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Megalomanía

23 Abr

Quizás un gran equívoco de la humanidad sea el de confundir la experiencia del tiempo biográfico con el histórico, condenándose a imaginar a sus sociedades, según el caso, como jóvenes y emprendedoras, maduras y racionales o ancianas y decadentes.

Asimismo, la experiencia del tiempo individual se la convierte en la experiencia de toda la sociedad:

“En nuestra época el pasado se aleja con inexorable rapidez” escribe alguien que, por supuesto, ha superado la barrera de los 30 años y está de luto por la muerte de su primera juventud.

(N.Molden)

autos apilados rojo

Mar del Sur, enero 2006

2 Jul

Pienso siempre contra lo que voy pensando.

Y entonces:
tengo la certeza de que escribo/leo
[es decir, la certeza de que fui educado]
para un mundo que no existe.

No para un mundo “viejo”;
por ejemplo, como si dijera: «fui educado
para ser un escritor-estanciero,
pero resulta que ahora me vengo a enterar
de que nunca tuve tierras
(o de que los hijos de los estancieros
no acostumbran a escribir
y mucho menos a leer)»,
no,
sino que fui educado
para un mundo inexistente,
que no
[un hornero sobre la medianera grita abriendo mucho el pico;
está muy cerca y no puedo no mirarlo]
[se voló]
existe ni existió
ni, presumo, existirá:
porque nada que no haya existido existirá.

Digamos:
un mundo donde existe la posibilidad
de algo “correcto”
y por lo tanto, de algo “incorrecto”. Un mundo
donde prevalece la idea de error,
de equívoco y de malentendido.

Pero el error es inexistente
(es lo inexistente: se trata de un parámetro muy fuerte, constitutivo).
Sus alcances como concepto, como construcción abstracta,
son más limitados y problemáticos de lo que uno pueda llegar a imaginarse.
El mundo nunca se equivoca, pero tampoco acierta.
Y esto lo atraviesa todo.

Y en verdad no importa que aquí, ahora
se agolpe, tras la nuca, seductora,
La Academia, El Saber -pongamos por caso,
Lo Nietszche- para decirme cosas como:
«esto ya te lo explicamos».
Hay siempre un problema con el presente.
Nunca el conflicto es con el pasado
(con ese pasado que se agolpa)
si no es porque existe un conflicto presente.
La Academia se me agolpa atrás
–el Pensar- se me enrula en la nuca
porque ahora estoy acá leyendo,
no porque haya problemas insolubles
que nos piden solución desde antes del antes.
El conflicto existe por__no.

“Existe” es una palabra agotada.
Y no confío (¿por qué no confío?)
en que la Filosofía Francesa o Alemana
pueda ayudarme a superar,
con la terapéutica que todos buscamos en Lo Mundo Ateo,
estas configuraciones que apenas desgarro.

No estoy atorado.
No me explico bien. No “estoy”.

– – –

Como si todo fuera un conflicto con el lenguaje.
Ni siquiera es no poder decir aquello que se “siente”
(eso lo vivo como una pelotudez que no significa nada).

Como si explicar algo, decir algo, fuera siempre asesino.
Es atroz.
Sí.
A pesar de estar en un patio con sol en verano
[en la medianera, un hornero]
escucho/leo voces
que lo asesinan todo.

«¿Contra eso? ¿Contra eso?»

Sí, contra todo lo que se agolpa,
pidiendo sobrevivencia a mi través.

-¡Y no! Ahora tengo otras cosas que hacer.

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