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Un sueño posible a partir de Mujina, un cuento de Yakumo Koisumi

30 Jun

huevoUn hombre con cabeza de huevo abre dos ojitos diminutos y una boca que es apenas un tajo. Me habla con una voz aguda y chirriante. Creo que me sangran los oídos, pero lo que me sale de ahí son como lágrimas. El hombre huevo me dice que tenga cuidado, que el monstruo de la bondad está cerca.
Yo corro con piernas ágiles de garrochista, largas, como de dos metros, y pienso que entonces ése debía ser el monstruo de la maldad: un huevo blanco que habla y te hace llorar por las orejas.

Pero resulta que el camino da un giro brusco hacia la entrada a una cueva. Desde adentro siento un olor que me empalaga y me llama. Quiero entrar.
Ahora lloro con la nariz, me cae un moco suave. Como otras lágrimas. Voy a entrar feliz en la caverna, pero una mujer de larga cabellera negra me cierra el camino. El pelo brillante y oscuro se levanta con el viento y da vueltas alrededor mío. Me doy cuenta de que estoy frente al monstruo de la bondad, que quiere protegerme de los peligros de esa cueva. Y como siento que quiero ser su amiga le cuento que un hombre me dijo que debía huir de ella. Y esa mujer, la monstruo de la bondad, me dice si el hombre era como yo. ¿Cómo como yo? le pregunto.
Y ahí nomás me toco la cara y descubro que mi cabeza es un enorme huevo blanco.

Mar del Sur, enero 2006

2 Jul

Pienso siempre contra lo que voy pensando.

Y entonces:
tengo la certeza de que escribo/leo
[es decir, la certeza de que fui educado]
para un mundo que no existe.

No para un mundo “viejo”;
por ejemplo, como si dijera: «fui educado
para ser un escritor-estanciero,
pero resulta que ahora me vengo a enterar
de que nunca tuve tierras
(o de que los hijos de los estancieros
no acostumbran a escribir
y mucho menos a leer)»,
no,
sino que fui educado
para un mundo inexistente,
que no
[un hornero sobre la medianera grita abriendo mucho el pico;
está muy cerca y no puedo no mirarlo]
[se voló]
existe ni existió
ni, presumo, existirá:
porque nada que no haya existido existirá.

Digamos:
un mundo donde existe la posibilidad
de algo “correcto”
y por lo tanto, de algo “incorrecto”. Un mundo
donde prevalece la idea de error,
de equívoco y de malentendido.

Pero el error es inexistente
(es lo inexistente: se trata de un parámetro muy fuerte, constitutivo).
Sus alcances como concepto, como construcción abstracta,
son más limitados y problemáticos de lo que uno pueda llegar a imaginarse.
El mundo nunca se equivoca, pero tampoco acierta.
Y esto lo atraviesa todo.

Y en verdad no importa que aquí, ahora
se agolpe, tras la nuca, seductora,
La Academia, El Saber -pongamos por caso,
Lo Nietszche- para decirme cosas como:
«esto ya te lo explicamos».
Hay siempre un problema con el presente.
Nunca el conflicto es con el pasado
(con ese pasado que se agolpa)
si no es porque existe un conflicto presente.
La Academia se me agolpa atrás
–el Pensar- se me enrula en la nuca
porque ahora estoy acá leyendo,
no porque haya problemas insolubles
que nos piden solución desde antes del antes.
El conflicto existe por__no.

“Existe” es una palabra agotada.
Y no confío (¿por qué no confío?)
en que la Filosofía Francesa o Alemana
pueda ayudarme a superar,
con la terapéutica que todos buscamos en Lo Mundo Ateo,
estas configuraciones que apenas desgarro.

No estoy atorado.
No me explico bien. No “estoy”.

– – –

Como si todo fuera un conflicto con el lenguaje.
Ni siquiera es no poder decir aquello que se “siente”
(eso lo vivo como una pelotudez que no significa nada).

Como si explicar algo, decir algo, fuera siempre asesino.
Es atroz.
Sí.
A pesar de estar en un patio con sol en verano
[en la medianera, un hornero]
escucho/leo voces
que lo asesinan todo.

«¿Contra eso? ¿Contra eso?»

Sí, contra todo lo que se agolpa,
pidiendo sobrevivencia a mi través.

-¡Y no! Ahora tengo otras cosas que hacer.

El estudio de la Historia amansa a las fieras

17 Feb

Joven argentino, si tienes entre veintisiete y treintainueve años posiblemente estés experimentando un choque.

Ni los Reyes, ni el conejo, ni ratón, ni Navidad. Ahora nos enteramos de que además, también, los muertos son los padres.

Inmersos en ese estupor, esa sorpresa al descubrir a compañeritos de banco que ahora son presidentes de quién sabe qué Corporación, periodistas en no sé qué medio o narradoras canonizadas en Frankfurt, puede confundírsete y sucede que embrollás la edificación del discurso sobre el presente (que a la larga serán las palabras sobre este momento histórico), ese decir, con la hipocresía, con una perorata a medida.

Pero no necesariamente es así. No.

 

Joven que vas perdiendo tu juventud, experimentás esto con mil angustias: constantemente tus idealizaciones sobre la Historia, Sociedad y Cultura chocan, se dan de bruces con el acontecer histórico (que ya las remoldea, destruye y reconstruye, o simplemente las reproduce).

La confusión viene porque desconocemos los avatares de las sólidas construcciones de nuestras idealizaciones. Repetilo.

(Nada es auténtico si no logra imponerse como tal, porque nada es puro.)

Los muertos son los padres.

Por estar asistiendo a la edificación de la Historia estás despierto, lúcido como nunca jamás antes.

Los muertos son los padres.

Siempre es la primera vez para todos los que estamos perdiendo la juventud.

Los muertos son los padres.

Por eso estudiar Historia, joven argentino, nos calma, porque comprendemos las tramas intrincadas que finalmente se resuelven en ideas establecidas (horribles o no, no es el punto) y así vemos que lo que en un principio parecía falso, artificioso, hasta hipócrita (ese no le llega ni a los talones a aquel padre) es en realidad, sin más, la forma de acontecer del mundo, de construirse y destruirse todo el tiempo, su arte de hacerse otra vez y otra.

Otras premisas

13 Abr

«En rigor, las lecturas no eran azarosas: estaban dictadas por nuestras circunstancias. El valor de los textos era situacional. Se sustrajeron así al imperativo académico de la bibliografía para permitirnos trabajar sencillamente con los libros. Nunca dejamos de preguntarnos: ¿exterioridad de la cita o transformación subjetiva? Descubrimos así que los conceptos no requieren atesoramiento ni reivindicación permanentes; sólo valen en situación.»

(Grupo Doce, Buenos Aires, noviembre 2001)

Teoría del Bienestar aplicada al Fracaso del Amor

9 Abr

No hablarte hoy es
la acción menos costosa
que me permite continuar
viviendo mi presente
.

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