Un sueño posible a partir de Mujina, un cuento de Yakumo Koisumi

30 Jun

huevoUn hombre con cabeza de huevo abre dos ojitos diminutos y una boca que es apenas un tajo. Me habla con una voz aguda y chirriante. Creo que me sangran los oídos, pero lo que me sale de ahí son como lágrimas. El hombre huevo me dice que tenga cuidado, que el monstruo de la bondad está cerca.
Yo corro con piernas ágiles de garrochista, largas, como de dos metros, y pienso que entonces ése debía ser el monstruo de la maldad: un huevo blanco que habla y te hace llorar por las orejas.

Pero resulta que el camino da un giro brusco hacia la entrada a una cueva. Desde adentro siento un olor que me empalaga y me llama. Quiero entrar.
Ahora lloro con la nariz, me cae un moco suave. Como otras lágrimas. Voy a entrar feliz en la caverna, pero una mujer de larga cabellera negra me cierra el camino. El pelo brillante y oscuro se levanta con el viento y da vueltas alrededor mío. Me doy cuenta de que estoy frente al monstruo de la bondad, que quiere protegerme de los peligros de esa cueva. Y como siento que quiero ser su amiga le cuento que un hombre me dijo que debía huir de ella. Y esa mujer, la monstruo de la bondad, me dice si el hombre era como yo. ¿Cómo como yo? le pregunto.
Y ahí nomás me toco la cara y descubro que mi cabeza es un enorme huevo blanco.

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