Hace un rato anotaba
-en medio del siempre acuciante qué hacer-
algo así como que la historia era
una caída del catre tras otra,
pero en espiral.
La idea en realidad sería
para nuestro qué hacer sería
sería dónde poner,
decía,
dónde poner la intensidad.
Dónde poner
la intensidad hermosa de la que depende
la entropía,
a la que ya estamos entregados -es lo dado y va de suyo.
[No me fascina
la entropía
porque es sierva
de, precisamente,
la intensidad.]
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va de suyo.